¿Alguna vez te ha pasado que estás conduciendo y llegas a tu destino sin prácticamente saber cómo has llegado hasta allí?
¿O podrías describir tu rutina matutina desde el momento en que te levantas hasta la hora de salir de casa?
Seguramente realizas estas acciones, y miles de otras, cada día sin darte cuenta de que las haces, de forma automática. Esta nula conciencia de las acciones que estamos realizando en un momento determinado es lo que llamamos actitud “mindless”, que podríamos traducir como ausencia de conciencia, y es lo contrario al estado “mindful”, que sería el estado de conciencia absoluta.
Mindfulness es la habilidad humana de estar plenamente presente en el AQUÍ y el AHORA, con total conciencia y sin juzgar lo que esté sucediendo.
Tiene sus orígenes en la tradición budista de la meditación de hace más de 2.500 años, pero fue Jon Kabat-Zinn quien, hacia los años 80, lo trasladó a las prácticas clínicas occidentales con su famoso programa de Reducción del Estrés Basada en Mindfulness (conocido como MBSR).
En realidad, la técnica es sencilla, pero requiere mucha práctica para llegar a los estados de concentración que tienen los que lo practican habitualmente.
Se trata de escoger un objeto, un sonido, un olor, cualquier estímulo que servirá como punto de focalización.
También pueden ser sensaciones internas como la respiración o la percepción de las plantas de los pies tocando el suelo. La práctica mindfulness consiste en estar plenamente enfocado en el estímulo escogido, siendo completamente consciente de él y dejando que todos los demás pensamientos que pasen por la mente se vayan sin hacerles caso.
Una mejor capacidad de focalización o mindfulness se traduce en un aumento de la competencia y el rendimiento personal, más salud física y mental, una mayor longevidad, menos percepción del estrés diario y una mayor sensación de bienestar general. Sus ventajas han sido demostradas en diversos estudios en los últimos años y, aunque no es la cura de todos nuestros males, sí que es una excelente manera de proporcionarnos un grado de bienestar más alto.
La buena noticia es que se puede aprender y fomentar con simples ejercicios diarios.
Si aceptas tus emociones, cambias tu vida.
Anna Romeu, colegiada nº 11336 del COPC
Psicóloga experta en educación emocional, trauma, adicciones y emergencias /Acompañamiento a Personas Altamente Sensibles / Autora de "Soc sensible"/ Representante española en EFPA, Crisis & Disaster Division.
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